jueves, 6 de enero de 2011

do not watch

Sabemos que el Estado nos construye las formas de vida mas o menos aceptables, y todo lo que no está estatalmente definido, queda en los márgenes de la cordura. Formas de vida menos óptimas que aquellos que se encuentran en los costados eligen desarrollar. Pero que no están validadas, socialmente, como opciones dignas o prósperas de existencia.
Todxs tenemos amigxs lumpenes, músicos, poetas, artistas, propiamente. Artesanos o militantes. Que viven en Barcelona o en la Paternal. Copados. Pero de lejos. Ellos no somos nosotros.
Es en estos vértices, que donde se puede empezar a pensar en las contradicciones que el estado de las cosas le genera a los sujetos.
¿Elegimos verdaderamente como queremos vivir? ¿o amortizamos la edad en la costumbre leal de seguir las huellas que nos dejaron bien marcadas?
Hacemos lo que nos dicen.
El tema es, siempre, como te lo dicen.
Te lo hacen saber, sutilmente. La publicidad, la televisión, la imagen son formas de acción del poder que se diluyen en el cotidiano, que parecen no tener fuerza real, pero que, muy por el contrario, accionan de manera contundente en el inconsciente colectivo.
Existe la determinación en la categorización. El mero existir de formas de vida más recomendables que otras nos arroja al menos dos cuestiones centrales para el análisis; a saber, por un lado, la existencia de un criterio soberano sobre que es lo que representa en términos prácticos una mejor vida. Por otro, la dificultad que afronta quien se encuentra en la necesidad de definir su "modo de vida" por un camino o por otro.
Que existan, ampliamente publicitadas, las formas de vida que comulgan con los valores sociales establecidos y no otras, nos restringe como sujetos en los momentos de decisión. Esto es, a todas luces, una forma de determinación coercitiva. Un criterio soberano establecido que se impone a las conciencias individuales. Por desconocimiento de alternativas o por que la (mal) llamada presión social hace lo suyo, que es también, una forma de ignorancia.
El poder se forma para encontrar las maneras de autovalerse y reinventarse. Enmudecer a los conciencias. Todo sujeto debe, también, autovalerse. Desconfiar de las formas establecidas y, por sobre todas las cosas, no mirar televisión.

2 comentarios:

Milena dijo...

no todo es lo que parece ... la marginalidad está en la tele y en los mar(genes) no hay tele, es decir, los extras pasan a ser protagonistas de las series más vistas, por Otros, los que ven tele, los que optaron por ver tele, pudiendo haber sido también protagonistas, pero para eso hay que estar en los margenes, y salir en programas policiales o ser actor de reparto en alguna tira, novela o talk show. El Estado es la tele y viceversa, el Estado somos nosotros, todos, también somos el no estados de las cosas, y las cosas son el Estado. Hay análisis posible, lo que no hay es adentro y afuera. Charly ya lo dijo, el corralito es mental.

Nicolás Nunca dijo...

te invito a un cruce de miradas auténtico. dale?